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Nov"Así como la insulina para un diabético, el spa para un rey del estrés, las uñas para un ansioso, las billeteras para un mono… eres tú mi elixir"
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Nov"Estás grabado en mí por un martillo y un cincel, eres la letra de tinta indeleble que cada día me recuerda lo maravillosa y revoltosa que es la vida"
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SepEl oxígeno de un hombre libre se agotó con el paso de los años
El TSJ dictaminó en 2002 la extradición de CAP y de Cecilia Matos, pero no procedió
En 1996, Carlos Andrés Pérez fue apresado por casi dos años y medio tras una condena emitida por la Corte Suprema de Justicia, la cual acusaba al ex mandatario de malversación genérica agravada
Verónica Olivier Fazzina

En Venezuela se respiraba un aire denso, un aire premonitorio con olor a crisis política, a caos económico y a convulsión social. Mientras el paro petrolero de PDVSA se desarrollaba, cerrando el primer mes del año 2002, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dictaminó que era procedente la extradición en República Dominicana de Cecilia Matos y del ex presidente de la República, Carlos Andrés Pérez (CAP). El dictamen no siguió su cauce, y el ex mandatario, junto con su compañera Cecilia —quién además fue su secretaria durante la gestión de gobierno— fueron a parar en Miami, donde la ancianidad fue apoderándose de sus cabellos, de sus pieles, de sus cerebros… de sus vidas.
La sentencia, que no prosperó, fue la última que recibió CAP antes de que su reloj biológico marcara el número ochenta y comenzara, así, la cuenta regresiva de una vida llena de situaciones memorables, tanto para la historia del país que lo vio nacer como para la del mundo entero.
El fin del primer período presidencial de Carlos Andrés Pérez (1974-1979), ese punto y aparte en la historia de los gobiernos venezolanos, marcó el inicio de las acusaciones y procesos judiciales abiertos al ex mandatario, y gestó un precedente en el historial del político andino. “Sierra Nevada”: ese fue el nombre que inició la serie periódica pura, matemáticamente hablando, de todo un expediente de averiguaciones y de un clima de desconfianza. Este era el nombre de un buque frigorífico que se había adquirido, en malas condiciones y a un precio exacerbado, y que, supuestamente, fue donado por Pérez a Bolivia en un momento de dificultad. Este país latinoamericano, cimentado en forma de cordillera, no posee mar interno y, para ese entonces, no tenía salida soberana al Océano Pacífico. Esta situación fue la causante de tanta polémica, de tanta algarabía por la acción del ex presidente.
Peculado doloso, malversación de fondos y manejo irresponsable de la Partida Secreta. Estos tres elementos fueron la médula espinal de las acusaciones que realizó el Fiscal General de la República, Ramón Escobar, contra CAP, y que le costaron la presidencia y la libertad. El político tachirense utilizó dinero del país para aportar ayuda internacional a la presidenta nicaragüense de ese momento, Violeta Chamorro, con quien tenía muy buenas relaciones.
Pérez ya tenía más de setenta años cuando lo destituyen del poder y lo acusan, por lo que, una vez que se le realiza la confinación en el Retén de El Junquito, terminan enviándolo a pagar arresto domiciliario en su hogar, para ese entonces, la quinta La Ahumada.
El panorama que debía sobrellevar el ex mandatario, en ese momento, parecía tener nombre y apellidos: Cadalso y restricciones, así fuese en casa.
En 1996, Rafael Caldera tenía el poder del trono presidencial y la situación en Venezuela se definía en unas reservas internacionales en franca caída y en una política de control cambiario poco efectiva. El 30 de mayo, exactamente, Carlos Andrés Pérez recibió una condena por parte de la Corte Suprema de Justicia, en esta se le acusaba de malversación genérica agravada. La sanción fue de casi dos años y medio de arresto domiciliario y de cada vez menos vías para respirar oxígeno de eso a lo que se le llama “Libertad”.
“Corrupción”, “Carlos Andrés es un corrupto”, “corrupción y más corrupción”. Este era el pan de cada día. Acusaciones iban y venían, y ya no era extraña la notificación de una sanción nueva para el ex mandatario.
Justo en el borde que delimita el fin de cien años y el inicio de otros cien más, precisamente en la culminación del siglo XX (1999), la posibilidad de que Pérez volviera a caer preso era alta, pues seguía corriéndose la voz sobre la corrupción de la cual el ex presidente fue protagonista, en este caso, referente a unas supuestas cuentas secretas que tenía el ex presidente en los Estados Unidos de América.
CAP quería resguardar su anhelada libertad y creó un partido conformado por la disidencia adeca: Movimiento de Apertura y Participación Nacional. Con esto pretendía obtener un cargo de Senador y así conseguir la inmunidad parlamentaria. El cargo lo consiguió, pero la reforma constituyente que llevó a cabo el presidente para ese momento, Hugo Chávez, en la cual se removían las cámaras legislativas, hizo que CAP tuviese que acudir a las elecciones de la Constituyente, en las cuales no obtuvo la victoria. Entre tanto, las acusaciones e investigaciones en contra de Pérez continuaban.
Las investigaciones corroboraron las acusaciones, por lo que la detención de CAP se hizo tangible. El 20 de diciembre del año 2001, cuando se estaba dando el paro petrolero de los trabajadores de PDVSA, Pérez fue detenido en República Dominicana, por una orden emitida por un juzgado de primera instancia de la ciudad de Caracas. El alegato del superior fue el envío de dinero de los fondos públicos a las supuestas cuentas secretas que maneaba CAP en Estados Unidos.
De esta forma, Carlos Andrés Pérez se hizo protagonista de su propia historia, una historia en la cual la libertad y la prisión compartían la cama todas las noches y rezaban juntas el rosario. Los cabellos se le fueron tiñendo de blanco con el paso de los años, el rostro se le fue llenando de surcos, las experiencias vividas se le fueron haciendo más memorables, el cadalso se fue haciendo parte de la familia.
La vida de Carlos Andrés Pérez fue una vida que respiró profundamente durante mucho tiempo y que fue enfrentando la congestión de sus pulmones y de su nariz al pasar los años. La profundidad del respiro fue la vida libre; la congestión pulmonar, la libertad maniatada.
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SepJosé Antonio Abreu: un hombre de inquebrantable fe
La consanguinidad le regaló una familia; El Sistema, otra
Para el Hacedor de sueños, el mundo perfecto es un jardín de música, donde la Sinfonía Júpiter, del maestro Wolfang Amadeus Mozart, se repite una y otra vez
Verónica Olivier Fazzina.

El teléfono no para de sonar, tocan y tocan a la puerta. La oficina es amplia, está repleta de reconocimientos por doquier. No sólo su oficina, todo el recinto. De espalda, con hombros caídos, con mirada profunda y con la experiencia grabada en los gestos, está él. Ahí está, trabajando como todos los días. Quizás hoy le toque una jornada más corta, pero no se sabe. Nunca tiene hora de salida.
Es un hombre como cualquiera, pero con una fe que no muere y con un sueño que no cesa en el deseo de hacerse más real cada día. “Toc toc toc”. Tocan de nuevo la puerta. Le anuncian que en unos minutos habrá reunión. El hombre, todo vestido de negro, con lentes de cristal amplio, con poco cabello y con una vida musical de alto rango, se prepara porque en menos de media hora lo pasarán buscando.
***
Sin restricciones de horario. Todos los días se levanta, toma su tiempo respectivo para asearse, luego regala algunos minutos al desayuno que lo espera en la cocina. Después de esto, a trabajar. El reloj marca la hora de iniciar la labor diaria, nunca, la de terminarla. Este trabajo jamás acaba. Es una pila recargable que con amor y esfuerzo llega a su máximo nivel.
José Antonio Abreu es un hombre absolutamente normal, que ha tenido y tiene la meta dibujada en su mente y en su hacer diario de luchar por el proyecto que un día decidió emprender. Un proyecto que tiene un norte preciso: hacer que los niños y jóvenes, inmersos en el mundo musical que él les ha ido esbozando, encuentren en el presente y en el futuro la oportunidad de ejercer a plenitud su derecho al arte y a la música.
Las agujas del reloj corren, y el Maestro Abreu, como lo han dado a conocer todos aquellos que han sido sus discípulos en el sube y baja de notas musicales, las acompaña en el maratón de construir realidades, de transformar sociedades mediante un arte que requiere de pasión y de años y años de estudio. Un arte que nunca cesa su ritmo, su vaivén sonoro, su simplicidad y a la vez su rimbombancia para los oídos de quienes saben apreciar la música académica de todos los tiempos.
Una vida en dos familias
Nació en 1939, en *****. Es el mayor de los hermanos. Somos dos mujeres y dos hombres además de él. José Antonio es un hombre simple, que siempre está trabajando mucho y no le queda tanto tiempo para dedicarle a la familia, pero en ocasiones especiales solemos compartir juntos. Aunque él tiene en realidad dos familias: la consanguínea, que según él es el conglomerado más importante, y el conjunto de niños y jóvenes que dependen día a día de su gestión y por quienes se hace responsable, comenta Ana Cecilia, su hermana menor.
Asimismo, ella recuerda cómo inició el proyecto que un día se convirtió en una realidad: José Antonio tuvo desde muy joven ese ideal de emprender su misión transformadora. Su fe en la juventud, en la niñez y en la música, y su afán por mejorar las condiciones de los niños y jóvenes en pobreza extrema lo inspiró notablemente. Cuando todo empezó, recuerdo que hablaba a la familia de su proyecto, hacía muchísimas llamadas, escribía cartas, y, la verdad, pocos creíamos que podía lograr algo. Decía que iba a hacer una orquesta de jóvenes en cada ciudad del país. Parecía una empresa muy difícil de concretar.
El Maestro tenía otro motivo: el deseo de convertir el arte de la música en un instrumento apto para fomentar el desarrollo social y la justicia cultural en Venezuela. El primer ensayo de la orquesta, su momento más querido y recordado, el día más alegre que aloja su mente, marcó el inició de eso que en un momento fue un proyecto, una sucesión de trámites, de tropiezos. Ese día, El Sistema dio el primero de los múltiples frutos que daría y sigue dando en los años sucesivos.
Para José Antonio Abreu, el tener la oportunidad de hacer de su trabajo un instrumento útil para los niños y jóvenes que dependen de su gestión es el elemento indispensable en su día a día. Es por esto que se levanta cada mañana y corre con las agujas del reloj, maniobra con los tiempos, hace malabares con la gran cantidad de reuniones que tiene a diario, va de un extremo a otro de la geografía nacional e internacional. El cansancio se palea con el sabor dulce de la sonrisa en el rostro de uno de esos niños, que portan en sus manos un instrumento musical, en vez de un arma.
Para su hermana, José Antonio Abreu, desde el día en que decidió darle riendas a su sueño, ha transformado la vida de muchas personas y ha decidido, cada día más, hacer de El Sistema su apostolado. “Se entregó por completo a este sueño”, dice.
El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela se convirtió en su razón de vida. Ahora, sus días transcurren en dos familias.
Ha sido, es y será música para sus oídos
Recuerdo con mucho cariño a mi primera maestra de música —de piano, precisamente —. Mi profesora Doralisa, en Barquisimeto. También a mis maestros de la escuela José Ángel Lamas y, por supuesto, a quienes han sido integrantes de las orquestas infantiles y juveniles en el territorio nacional. Todos y cada uno de ellos son referencias ineludibles en mi vida.
¿Sabes con qué instrumento musical me identifico más? Con el órgano. Este aparato musical contiene el repertorio más grato para mí: el repertorio de la música sacra de todos los tiempos, el repertorio del alto barroco alemán, el repertorio de las distintas épocas, la voz celestial. Con este instrumento me siento más feliz.
Yo quisiera, si existiese la perfección, o un mundo perfecto, que mi mundo perfecto fuese un jardín de música, y que la melodía que acompañara a mi jardín de música fuese, siempre, la Sinfonía Júpiter, del maestro Wolfang Amadeus Mozart.
Puedo decir, con certeza, que no cambiaría nada de lo que he vivido con la música, en ninguna época, pues todo lo he vivido a plenitud. Además, estoy muy contento con todo lo que he recibido en este mundo. Todas y cada una de las cosas las he aceptado con mucho amor y con una gran vocación de servicio.
No podría pedir más. Me siento un enamorado de la música, de mi trabajo. De hecho, con la consecución de toda esta labor misionera que tengo en la vida, mi mayor sueño se ha convertido en ver culminado el proyecto de las orquestas juveniles e infantiles, y de los coros, que se ha dado en los últimos cuarenta años en Venezuela, en todos los países del continente americano.
Con cada uno de los premios y de los agradecimientos que he recibido a lo largo de estos años por la labor realizada, simplemente considero que adquiero nuevos compromisos, que me vienen nuevas responsabilidades, que se dibujan nuevos horizontes.
Así es la música, así es el trabajo que realiza día a día, según el Hacedor de sueños, como lo llaman también en la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv).
La fe se ha convertido en su “Echa pa’ lante que sí puedes”
Su hermana Ana Cecilia lo define como un trabajador incansable, como un gran visionario, pero, sobre todo, como un hombre con una profunda e inquebrantable fe.
Para el Maestro José Antonio Abreu, la palabra de Dios en todas sus fases, en cada uno de sus momentos, en su infinita significación, son la música que más lo llena, que más fuerzas le regala con el paso del tiempo. Gracias a esta fe, dice, ha logrado alcanzar con éxito la meta de cambiar positivamente a la sociedad.
José Antonio Abreu muestra la misma cara, no es de muchas expresiones. Es un hombre conciso y, en ocasiones, de pocas palabras. O de las suficientes. No habla de más. Así, con pocas palabras y el mismo rostro de hace varios minutos, dice que si fuese su último día de vida, se dedicaría esas veinticuatro horas, íntegras, a orar. ¿Por algo en especial? Sí, por el futuro del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y por la consumación de mi sueño extendido en todo el continente.
Su fe debe estar, según él reflejada hasta en su epitafio. Además de su nombre completo, señala con una risa muy escondida, debería mostrarse en él, hacerse constar, su vida consagrada al arte de la música y a la felicidad de los niños y jóvenes del país por quienes, desde los treinta años de edad, ha luchado movido por su inquebrantable y creciente fe.
No es diferente a otros hombres, simplemente es especial
Mi hermano José Antonio no es distinto a otros hombres que hayan decidido cambiar las vidas de personas mediante una gran labor, lo que sí le da un valor agregado es que su perseverancia y su constancia no todos tienen la dicha de poseerlas. Asimismo, su calidad humana es increíble. Hay muchos hombres ejemplares, pero para mí la calidad humana de mi hermano es un don particular. No es diferente a otros, es simplemente especial, comenta Ana Cecilia Abreu.
Como a un hombre común, le gusta comer, le gusta deleitarse con los placeres de la naturaleza. Los platos típicos venezolanos, como un buen pabellón criollo, una arepa rellena, unas cachapas con queso de mano; así como las especialidades italianas, particularmente la pasta, son las principales debilidades para su paladar. De igual forma, contemplar el mar es una actividad que le gusta realizar si tiene algún huequito libre en su agenda tan apretada.
Si volviera a nacer, dice el Hacedor de sueños, haría exactamente lo mismo que ha hecho hasta ahora, se despertaría persiguiendo el mismo sueño y seguiría moviéndose por su misma misión de vida. Para él, todos los niños y jóvenes, por igual, tocan las puertas de su responsabilidad todos los días, y es esto lo que lo hace querer tanto esta labor.
Él ama, además de su trabajo y de la música, la vida y la justicia. Combatir la injusticia social, sería el súper poder que le otorgaría a una batuta, si esta tuviese la posibilidad de hacer algún tipo de magia o de cambiar realidades.
Para este hombre, la palabra Venezuela es sinónimo de alto honor, del más premiado y honroso compromiso. Es una bendición para él poder enrumbar en este país aquello que en una época era sólo un bosquejo y que hoy en día hace sonreír a tantos venezolanos, y, además, se ha convertido en un modelo digno de emulación en diferentes países del mundo.
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“Toc toc toc”. Vuelven a tocar la puerta. Ya es hora de irse a la reunión. El hombre todo vestido de negro, con lentes de cristal amplio, con poco cabello y con una vida musical de alto rango se marcha. Su fe madura con el tiempo, su sueño sigue robusteciéndose, haciéndose más real con el correr de las agujas del reloj.
El teléfono sigue sonando. La oficina, repleta de reconocimientos por doquier, acogerá nuevamente, en las próximas horas, al hombre de hombros caídos, con mirada profunda y con la experiencia grabada en los gestos, al hombre que forja sueños, al hombre cuya fe no se quiebra.
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Sep¡Ponle más azúcar de la morena, por favor!
Cuba es su gran amor; Pedro, la música y el público, los amores de su vida
Para Celia Cruz, la madre de la Guaracha y de la Salsa, el afán no es concebible. “A quien necesite tiempo para despedirse, siete minutos le parecerán un lujo”

Verónica Olivier Fazzina.
Té con limón y mucha azúcar sobre una mesita del camerino es la mezcla mágica para que la garganta de Celia se aclare y no comience su voz a burlarse de ella o a llorar en pleno derroche de guaguancó.
La Guarachera de Cuba, Celia Cruz, tiene más de treinta minutos peinando la peluca que lucirá en el escenario. En esta oportunidad, el tizne es naranja, pero no un naranja común, un naranja como fabricado expresamente para hacer que desde cualquier punto del recinto —el Madison Square Garden, de Nueva York— pueda apreciarse y pueda surgir incluso el deleite por la maravilla cromática. El brillo es sobrenatural. Cabellos así de radiantes sólo se ven en películas… o en los conciertos de la Reina de la salsa.
El tiempo apremia, pero no a Celia
¡En veintidós minutos sales! Tienes que apurarte.
-Mi amor, usted tranquilo. No se afane, que del afán sólo queda el cansancio. Mi peluca debe estar impecable, porque además de mi persona, son las pelucas, los vestidos y mi pronunciada cadera los que me hacen Celia. Jajajajaja. Si algo de eso no funciona, siento que no soy yo. Y si yo pienso así, imagínate mi público. Cómo quiero a mi público. Por él estoy donde estoy. Cada día más vivo como en el carnaval que yo misma me creé. Qué bien se siente estar acompañada y rodeada de tanto cariño.
Bueno, en eso sí tiene razón. Usted es puro color y alegría. Si no se pone sus pelucas, no se viste con colores tan llamativos y no mueve sus caderas con mucho del “melao” de su azúcar, no es usted, doña Celia.
-Jajajajaja. Qué cosas tienes tú, chico. Sí, yo soy así. En eso si tienes tú razón. ¿Y Pedro? ¿Dónde está mi negro? Mira que si no me da mi beso y mi abrazo de buena suerte no hay té con limón que funcione: la garganta me abochorna igualito.
El señor Knignt está esperándola justo a la salida del camerino, mi doñita. Listo para darle su abrazo y su beso de buena suerte. Y no diga esas cosas de que su voz la abochorna o que la hace pasar pena. Usted jamás se equivoca en ese escenario, y si por cosas de la vida o del momento me equivoco yo al decir esto, pues usted hará que ninguna persona del público se dé cuenta de que cometió un error.
-Gracias, Omarcito (1). Muchas gracias. Que Dios te escuche. Bueno, chico, en todo caso, si me equivoco, soy humana, y humana que se emborracha de cariño por la gente, para más colmo. La gente me quiere mucho, eso sí lo siento yo, entonces no me preocuparé por ninguna cosa de estas.
Habanera y autosuficiente hasta la pared de enfrente
Mi señora, ya le quedan sólo diecisiete minutos. Trate de pintarse rapidito. Ya le he propuesto que se deje arreglar por maquilladores pero usted insiste en que no, en que usted puede sola por ahora.
-Mientras pueda, yo misma me echo mi arregladita. Cuando no pueda, pediré ayuda a todos y sé que la tendré. Préndeme el televisor un momentico, por favor, mi amor, que se me olvidaba ver mi videíto habanero. Sin eso tampoco puedo salir a cantar… sentiría que me faltan las piernas. Mi Cuba querida, cómo la extraño. Fidel algún día se irá y podré volver a mi casa. Mi mamá se murió, quien me apoyo para que cantara y me trató siempre tan amorosamente, y cuando Dios se la llevó, me negaron la entrada en mi propia casa. Me cerraron la puerta en la punta de la nariz. Hace un tiempo pude acercarme hasta Guantánamo y agarre tierrita. Cuando pueda llegar a mi Habana, agarraré todavía más tierra, por si no tengo oportunidad de volver. Esa tierra tiene que ser la que me cubra cuando ya no pueda decir más ¡Azúcar!, ¿estás oyendo Omarcito? Llámame a mi Cabecita de Algodón, que se me hace tarde con tanta habladera y necesito ver mi videíto habanero. Quiero que él lo vea conmigo. Ya me puse melancólica otra vez.
Tranquila, mi señora, que en un minuto le aparece otra vez la sonrisa. Usted, desde que tengo uso de razón, nunca ha dejado de sonreír. Ya le pongo su videíto.
Comienza a correr el video. Aparecen imágenes de La Habana, fotos de sus padres, de sus hermanos, de sus primos, de ella en la Sonora Matancera, de cuando se casó con Pedro, de los estrenos de sus discos. Suena de fondo musical su canción Habanera. A Celia se le aguan los ojos, pero no deja de sonreír, y su Cabecita de Algodón no deja de abrazarle las manos. Pasan cuatro minutos hasta que dice: “Habana, pronto te veré otra vez”. La frase marca el punto final de la cinta.
-¿Sabes qué, mi negrito? Cada día estoy más segura de que Estados Unidos ha sido mi casa por muchos años y le tengo mucho cariño, de que el mundo entero me ha acogido, y a todos los países que he visitado los llevo en el corazón, pero como mi Cuba no hay. Mi Cuba querida es la dueña de mi corazón… Bueno, tú y mi público también, mi negro. No te me pongas celoso jajajaja.
Nunca falta la sazón en su vida
Once minutos, mi señora. ¿Ya terminó de arreglarse?
-Un poquitico más de color pa’ esta bemba “colorá”, mi Omarcito. Ya voy a estar lista. Ayer me puse mis chancletas y mi bata y anduve así toda la tarde. Cociné, escuché mis discos de guaracha, respondí cartas y mandé fotos a quienes siempre me escriben. Qué raro que se siente no tener trabajo un día. Pedro y yo siempre tenemos tanto trabajo que hacer que no nos da tiempo ni de aburrirnos. Bueno, gracias a Dios es así. El trabajo es lo que me mantiene viva, y el amor de mi gente, claro.
Bueno, pero como usted dice, hay que dar gracias a Dios. Mientras haya trabajo, hay felicidad, como dicen por ahí, ¿no? Usted siempre tiene algo que hacer, y cuando además hace lo que quiere, me imagino que la satisfacción es mucho mayor.
-Así mismo es, mi amor. Hacer lo que a una le gusta es tan gratificante. Cuando el público aplaude cada logro tuyo, se te hace como un nudo en la garganta y no cabes de la felicidad. Haz lo que te gusta y siempre te sentirás feliz. Morir en un escenario sería la mejor forma de morir. Haciendo lo que amo.
El sabor del cuerpo es lo que queda
Siete minutos. Sólo le quedan siete. Ahora sí, a apurarse.
-Omarcito, ¿otra vez? Ya te dije que no te apures tanto, mi amor. Tiempo hay. Siete minutos son bastantes. A quien necesite tiempo para despedirse, siete minutos le parecerán un lujo. Gracias a Dios ese no es mi caso. Las despedidas no van conmigo. Nunca me despediré de nadie. Eso sí te lo aseguro. Además, cuando la gente se va, desaparece de la tierra, no queda el cuerpito con sabor, pero queda el sabor de lo que hizo ese cuerpito. Jajajajajaja.
Qué ocurrente, mi doñita. Pero tiene toda la razón. Siempre he tenido una duda, y espero que no sea una indiscreción de mi parte, pero, ¿cómo haría usted si el señor Knight faltara, o como haría el señor Knight si usted no estuviera en esta tierra? Se quieren tanto que siento que uno no podría ser sin el otro.
-Cuando uno se quiere, hasta después de que deja de existir el cuerpito con sabor, como te dije antes, permanece vivito ese amor, ese cariño. Estoy segura de que desde cualquier punto del cielo, del universo, del lugar en el que nos encontremos, estaremos juntos porque lo que sentimos el uno por el otro es muy grande. Si Pedro no estuviera, yo igual lo sentiría conmigo. Vería su foto, que tengo en mi mesita de noche y la que me llevo también a cada presentación, y hablaría con él como si fuese un día normal, porque sería normal. Él, aunque no físicamente, seguiría estando. Si yo faltara en esta tierra, él sería mi sustituto. Tendría que darle a mi público tanto amor como le di yo. Ya se lo he dicho: “Si yo me voy antes que tú, te quedas con el mando del timón”. Y el siempre se echa a reír.
Me alegra que vean todo tan positivamente. No entiendo cómo es que son así con lo difícil que es manejar incluso una situación normal en este caos de mundo en el que vivimos.
-Una sonrisa no se le niega ni al peor momento por el que se esté pasando. Cuando la vida te pone pruebas difíciles, como me las ha puesto a mí, logras ver el giro del mundo de otra manera. Todos los días tienen su Quimbara cumbara cumbaquim bambá. Jajajaja.
¿Lista? Ya quedan sólo dos.
-Sí, lista. Pero me lees un momentico las canciones de hoy. Que no me falle la memoria y se me vayan a olvidar en pleno escenario.
Hoy cantará Guantanamera, De la Habana hasta aquí, Azúcar Negra, Isadora, Oye como va, Usted abusó, Que le den candela, Quimbara, La vida es un carnaval, Melao de caña, La jaibera, Yo viviré.
-Gracias, Omarcito. La última es como para cerrar con broche de oro.
¿Ahora sí? ¿Lista?
-Listísima. Mi negro, dame mi beso y mi abrazo. Omarcito, un sorbito más de té. Y ponle más azúcar de la morena, por favor.
(1) Omar Pardillo. Representante de Celia Cruz.
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JunRomán Chalbaud: “Nunca quise casarme. Ya estoy casado con mi trabajo”
Según su ánimo, puede escuchar Prokofiev y Beethoven, y a la vez un poco de salsa
El dramaturgo, guionista y director se siente orgulloso de cada una de las labores que ha emprendido y asegura que seguirá siempre el camino que escogió y que nunca lo traicionará: siempre, a trabajar

Fuente: www.iconosdevenezuela.com
Días de poder salió del baúl y pasó a la pantalla grande. El pasado viernes 3 de junio, Román Chalbaud —considerado como uno de los mejores en teatro, cine y televisión a nivel nacional— estrenó la película que escribió como guión teatral hace más de 50 años, junto con el maestro José Ignacio Cabrujas. Este debut en el cine nacional histórico abrió las puertas a la vida de Chalbaud, a su médula espinal, a lo que hay más allá de papeles, lápices, claquetas y ajuares escenográficos.
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Cuando se abren las puertas de su casa, el campo visual se abastece con decenas de figuras de querubines en la pared derecha —regalos que le entregaron sus compañeros y allegados con el estreno de su obra Los ángeles terribles—, las escaleras que dan hacia el segundo piso, donde se encuentra su estudio, tienen de paisaje, de lado y lado, los galardones, fotografías, afiches y agradecimientos de su vida en los mundos del cine, del teatro y de la televisión.
Sus más fieles compañeros no lo dejan sólo y son un motivo de alegría y de odio, si a alguien se le ocurre meterse con ellos. La China y su esposo El Chino, sus cuatro cachorros Shar Pei y un pastor alemán conforman la manada de su compañía diaria. Asimismo, figurines de perros y calendarios con imágenes caninas son parte del decorado de su estudio. Su amor por los canes es innegable.
Un monitor de muchas pulgadas, un escritorio lleno de papeles ni en orden ni en desorden, una estantería con más de 2 mil películas —seguramente son muchas más —, una biblioteca con centenares de libros, y un cuadro del líder espiritual de la India Sai Baba, producto de un obsequio que le hizo una chica, son la sustancia principal del estudio de Chalbaud, lugar donde pasa muchas horas de sus días, a menos de que se encuentre rodando una película o haciendo algún trabajo fuera de casa.
Con su cabello cano, rizado y hasta la mitad del cuello, con sus lentes de pasta grandes, su camisa a cuadros guayaba con beige, sus pantalones de jean y sus zapatos marrones; su permanente sonrisa y sus ojos aún muy alumbrados, Román Chalbaud abre las puertas de su cotidianidad y da paso a los tangibles e intangibles de su vida. Con El Chino, el esposo de La China, siempre al lado.
Gustos y colores de una vida hecha a mano
El amor es su palabra predilecta y de este impregna cada acción. Poner todo el corazón en el trabajo que realiza le parece y le parecerá siempre la mejor opción. No le gusta la idea de que las labores que se lleven a cabo sean conflictivas, porque esto no permitiría poner ese cariño que hasta ahora le ha llevado, según sus palabras, a lograr lo que se ha propuesto. Es un enamorado de su trabajo, así como de la vida y de la gente. Esto siempre lo ha conducido en una misma dirección desde pequeño.
Entre muchas risas, asegura que su consigna diaria y favorita es “A trabajar”. “Sería profundamente infeliz si tuviera que estar en la casilla de un banco, todo el día sentado, recibiendo dinero. Me ha tocado que he podido trabajar en lo que a mí me gusta”, asevera y vuelve a reír.
Es un aficionado de la música, de los libros y de las películas. Señala que disfruta mucho la música clásica, pero que también le gusta la popular. Depende del estado de ánimo en que se encuentre. Tchaikovsky, Prokofiev, Chopin, Beethoven, así como la buena salsa y los boleros son parte de su repertorio musical cotidiano. “Me gustan mucho los boleros…el fondo de los primeros amores fue el bolero. La salsa me gusta mucho también, porque es una expresión auténtica de la gente”.
“Antes de dormir, leo al menos tres páginas. Siempre estoy leyendo”, expone Chalbaud. Le gustan mucho los libros clásicos. Shakespeare le encanta por lo interminable: “Uno lo puede leer toda la vida y no termina de comprenderlo, ni de entenderlo, ni de gozarlo”, asegura. Asimismo, tiene una colección de género policial de autores como Simenon y Patricia Highsmit. En otros géneros, Oscar Wilde le encanta. “Voy a hacer un viaje de 36 horas de vuelo y estoy eligiendo los libros que me voy a llevar. Creo que me llevaré unos clásicos de Stendhal. Por ejemplo, Rojo y negro lo quiero releer, La cartuja de Parma, de Stendhal también. Yo creo que leer es muy importante”.
La primera película que vio, cuando tenía 5 años y vivía en Mérida, fue Tiempos modernos, de Charles Chaplin. “Era como montarme en una alfombra mágica, era un poco como para escapar de la realidad. Pero cuando vi Roma ciudad abierta, de Roberto Rossellini, después de la Segunda Guerra Mundial, y Los olvidados, de Buñuel, tuve la sensación de que me marcaron. Estas me dieron a entender que el cine servía, no sólo para escapar de la realidad, sino para enfrentarla. Con estas películas empecé a tomar consciencia social y eso para mí es muy importante”, dice sonriente.
En otro de los puntos fuertes de Chalbaud, el teatro, expone: “A todas mis obras las quiero por igual, porque son mis hijas, y uno quiere a sus hijos a todos por igual, pero claro, siempre hay una que se destaca, y Los ángeles terribles es, según la gente y la crítica, mi mejor obra”. También le gustan mucho La quema de Judas, Caín adolescente y El pez que fuma.
Con respecto al teatro de todos los tiempos, Hamlet, de Shakespeare, es su predilecta, y desea poder montarla algún día. Pero además, le encantan El avaro y La escuela de mujeres, de Molière, las obras de Tennessee Williams, de Eugene O’ Neill y de García Lorca.
“Tener algo que hacer es el elemento indispensable de mi día a día”, asegura con las manos empuñadas sobre las rodillas.
No siempre se muestra lo que se piensa
“Considero que el intelecto necesita de pasión. Yo creo que soy equilibrado. Soy del signo Libra. Pero uno también es un apasionado, por eso a veces se desequilibra, pero eso es parte del juego. No es posible ser una persona totalmente reposada”, señala.
Román Chalbaud se siente orgulloso de cada una de las acciones que ha emprendido. Nunca ha dejado de trabajar, nunca se ha alejado de ese camino y asegura que no lo traicionará nunca. No se arrepiente de nada, le han pasado cosas malas y ha hecho cosas malas pero, como dice él “Esa es la vida: sucede y pasa así”.
Su madre, de 99 años, su familia, y lo que él llama su familia elegida —amigos que se han hecho y elegido a través de los años”— conforman el grupo de personas más importantes de su vida. El ritmo de trabajo de cada uno no les permite encontrarse con frecuencia; sin embargo, se ven al menos una vez al mes y se llaman frecuentemente. Compartir en un almuerzo, todos reunidos, es una actividad que Chalbaud disfruta mucho y que lo hace sentir bien.
Por otra parte, sus escritores favoritos son para él una gran influencia, así como Alberto de Paz y Mateos, su profesor de teatro en el Bachillerato. “Era un republicano español que vivió aquí —en Caracas— e hizo una labor artística maravillosa como director, entonces nos enseñó a O’ Neill, a García Lorca, a Cervantes, y también parte de la literatura. Eso fue muy importante en mi vida, pues me metió en un mundo que yo desconocía”, afirma Chalbaud.
“Mi mayor deseo es tener mucha vida y salud para poder continuar con mi trabajo”, expone con una sonrisa.
La madera de la que está hecho, más que su corteza
“Nunca quise casarme. Ya estoy casado con mi trabajo. Nunca me ocupé de eso realmente. Es como una gran responsabilidad y todas mis fuerzas están concentradas en mi trabajo”, asevera Chalbaud.
La frase del director de cine Buñuel: “Gracias a Dios soy ateo”, es el modo de pensar de Román Chalbaud con respecto a la religión. No cree en Dios; sin embargo hay algo que mueve al mundo.
La política en su vida siempre ha sido un aspecto fundamental. Fue parte del Mayo francés, junto con otros revolucionarios de izquierda. Actualmente, sigue considerándose de este bando: “Yo siempre he sido de izquierda, toda mi vida, y sigo siéndolo. Respeto mucho a quienes piensan de otra manera. Yo pienso que somos unos seres civilizados. No nos vamos a poner a dispararnos unos a otros porque pensamos de manera distinta. Eso sería algo espantoso”, señala.
Asimismo, con la espalda recta y los lentes ya cayendo de la nariz, expone que tiene un motivo para ser de izquierda: “Luchar contra las injusticias. La derecha se ha apoderado del mundo y lo estamos viendo en España, en toda la geografía. Es algo terrible, como yo los llamo, los malandros de cuello blanco se han apoderado del mundo, entonces lo que importa es el dinero, no la gente. Eso no puede ser. No es posible que un billete sea más valioso que una persona. Eso no lo concibo. No es posible que la medicina esté basada en hacer dinero y no importe la salud de la gente. Hay que luchar contra eso. Este proceso, en ese sentido, está luchando contra eso, con miles de dificultades, porque hay mucha gente que quiere seguir teniendo grandes beneficios”, dice.
Por otra parte, la situación que se vivía en el país antes de la llegada del presidente Hugo Chávez, representa un elemento de inconformidad para Chalbaud: “Yo vivía muy bien en la Cuarta República, por ejemplo, porque ganaba muy buen dinero en la televisión: representaba el 20% del país. Eso es una gran injustica. Yo pienso que hay que redistribuir la riqueza, la salud, la educación en el 100% de la gente, no en el 20%”, afirma.
Al morir, quiere que su epitafio diga “Trabajó mucho”, manifiesta con risa incesante.
En el mundo perfecto de Román Chalbaud no habría injusticias, todos serían iguales, no habría el odio “tan terrible” entre unos contra otros, reinaría la solidaridad.
Aquellos años, años estos. Cada época tiene su dulzor
Román Chalbaud nació en 1931, en la ciudad de Mérida, y desde entonces se ha dedicado a conocer los rincones del país y la esencia de su gente. Ha vivido muchos pases de gobierno, muchos momentos de cambio, nuevas formas culturales, nuevos modos de pensamiento… ha bebido de la miel y de la hiel de cada época.
“Me quedaría con la época actual porque es la que estoy viviendo. Aunque, yo nací en Mérida y esa época también me pareció muy importante. Era la época de Juan Vicente Gómez. Mi bisabuela, mi abuela y mi madre, mujeres solas, pues mi madre se había divorciado y mi abuela era viuda, decidieron venirse a Caracas y estuvimos en autobús durante 4 días y 4 noches. Vivimos en una pensión”. Esa etapa fue importantísima porque llegamos como merideños a conquistar la ciudad. Éramos personas humildes que luchábamos, trabajábamos y estudiábamos. Fue una etapa maravillosa de mi vida que recuerdo con mucho cariño y que me hace admirar a la mujer venezolana, siempre con tanto empuje”, cuenta Román Chalbaud con la nostalgia en los ojos.
Para Chalbaud, las tradiciones han cambiado mucho. La música actual no es, a sus ojos, ni la sombra de los que fue entre los años 40 y 80. La educación y los libros se han sustituido por la televisión, que actualmente no empapa de cultura, según sus palabras.
La palabra Venezuela significa mucho para él: “Es mi patria, mi país, lo quiero mucho y lo defiendo”, expone.
Román Chalbaud sigue en su estudio, haciendo lo que sabe hacer y lo que más le gusta: trabajar. El teatro, el cine y la televisión seguirán siendo para él la fuente de alegría y de satisfacción personal. Trabajar en esto para construir el cambio social, llegar a la gente mediante la cultura, son aspectos que él no dejará de lado en cada labor que realice.
“A trabajar”.
Verónica Olivier Fazzina
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19
JunTamara Adrián: “No creo en amuletos, creo que saco fuerzas de mí misma”
Su mundo perfecto no tendría cielo, no tendría infierno
Los libros fueron un elixir para ella, un sistema catártico mientras estuvo niña. A temprana edad, había leído un gran número de obras infantiles y de clásicos de la literatura universal

Fuente: www.elobservador.rctv.net
Como la sala de una casa arreglada y desarreglada con poco tiempo y con buen gusto. Es un lienzo pintado con colores tierra. No entra mucha luz, tampoco falta. Las cornetas de los carros, y a veces el cantar de un pajarito, funcionan como fondo musical. “Bienvenida a mi oficina. Disculpa el tiempo que te hice esperar, es que atendía un asunto importante”, señala Tamara Adrián.
La puerta está abierta… como un binóculo, permite ver qué hay dentro, de una sola vez, sin mucho esfuerzo: un sofá de dos puestos, la cómoda respectiva que le hace juego y una mesita que tiene encima un florero con pocas flores.
El fondo de la habitación está coronado con un amplio escritorio, del cual no se percibe el material, pues una pila de documentos, organizados como moléculas en estado gaseoso, parece empapelarlo con capas y capas de relieve.
En la pared derecha de la habitación, justo al lado del escritorio, una cartelera de acrílico blanco muestra las tareas por hacer y las hechas de una agenda agitada.
Como papel tapiz de la pared izquierda, de un extremo a otro, hay una biblioteca personal que, sin demasiado embrollo, puede superar la suma de libros leídos por treinta —y hasta más— pseudo enamorados de las letras a lo largo de medio siglo de vida.
Tamara Adrián es doctora en Derecho, abogada, profesora universitaria, activista en Derechos Humanos y defensora de las nuevas ideas y de un país más inclusivo. Es lesbiana, transexual, con dos hijos alejados de ella por un tabú, hasta ahora indisoluble.
Tiene rizos rojos de tono intenso, ni muy arreglados ni muy desarreglados, como su oficina, que siluetean un rostro lavado, sin los artificios del maquillaje. Elegante y sin vericuetos, viste una camisa blanca, una chaqueta blanca con bordes negros, un pantalón negro y unos zapatos blanco con negro. “Yo uso unos anillos muy grandotes y, a veces, unos zarcillos con piedras. Hoy me agarraron sin zarcillos y sin anillos”, expone “la datilera del desierto” —significado de su nombre—.
Sus manos, grandes y con muchas circunvoluciones en las palmas, no cesan de agitarse y de explicar, mediante el arte del movimiento, lo que las palabras no son capaces de hacer comprensible. El celular no cambia de lugar: está aprisionado en su mano derecha…siempre aprisionado, y en su mano derecha. Lo revisa y mira al horizonte; luego, da un par de vueltas al sitio con su mirada, vuelve a mirar al horizonte y revisa nuevamente el celular. En ocasiones, arregla las flores del florero.
Ni más ni menos. Mujer, como cualquiera
“En mis fines de semana, duermo. El domingo me quedo en la cama como hasta las diez de la mañana. Me lo merezco, creo. Después, leo, voy al mercado, hago un poco de las cosas de las que no puedo ocuparme durante la semana. Hago lo que hacemos todas y todos los fines de semana”, asevera Tamara Adrián.
Tiene cuatro perros y dos gatos, hoy en día le encanta la bandera arcoíris, aunque los colores los selecciona de acuerdo al contexto: para la casa tiene ciertas preferencias, para el carro otras y con la ropa es aún más versátil.
La mujer de cuerpo, mente y espíritu —aunque los documentos legales manifiesten lo contrario—, reconocida a nivel nacional e internacional por su incesante lucha en pro de los derechos de gays, lesbianas, transexuales y transgénero, principalmente, toca su barriga recurrentemente mientras afirma que lo que le desagrada de su cuerpo es su gordura. “En este momento me siento gorda, no me gusta mi barriga… pero a qué mujer no le preocupa tener mucha barriga. La gordura es algo temporal. Esa me la quito. Me lo establecí como meta y ya tomé la decisión: tengo que rebajar porque ahora solo me visto con cuatro cosas. A pesar de esto, mi cuerpo me encanta, me siento cómoda en él”.
Su nariz la enorgullece. Es una parte de su cuerpo que le gusta mucho. “La gente me pregunta por ahí que dónde me la hice, y yo siempre respondo que esa es natural, que no tiene cuchillo”, asevera entre risas y el movimiento constante y explicativo de su mano derecha, la que aprisiona el celular.
Tener más hijos en un futuro cercano no es una posibilidad para Tamara Adrián. Quince segundos de silencio, una mirada al horizonte y responde mientras revisa su celular: “Ya a los cincuenta y pico de años, ¿comenzar otra vez?, ¿cambiar pañales? Noooo. La vida es sabia”.
El amor, en todas sus cartas de presentación, es parte importante de su vida. Está enamorada del hecho de vivir, de las personas, de las nuevas generaciones de ideas, de los libros, de las cosas nuevas. “Amo la idea de que la muerte no es física, sino mental. En el mismo momento en el que dices que la juventud no tiene la razón; cuando dices que tú tienes la razón y el otro no, quiere decir que envejeciste, que estás muriendo”, asegura con una sonrisa marcada en el rostro.
Para ella, la vida de la mujer no es fácil. “Por más que el machismo la quiera endulzar, la quiera poner bonita y llenarla de flores, la vida de la mujer es más ruda, más exigente”. El celular suena, ella opta por desviar la llamada. Se acomoda el cabello detrás de la oreja, mira al horizonte. “Yo me siento muy bien como soy, donde estoy y con lo que hago, pero hay que reconocer que hay elementos bastante más restrictivos de expresión para nosotras las mujeres: salir solas, tomar unos tragos, caminar, o cualquier otra cosa que para un hombre es natural, para una mujer está prohibida, por aspectos meramente culturales”.
Esculpida por lo vivido… con las penas como cincel y las glorias como martillo
Carraspea porque amaneció con tos. No sabe por qué. Bebe un sorbo de café.
Mientras peina rápidamente sus rizos con los dedos, habla sobre sus rasgos personales más resaltantes y da rienda suelta a quien fue, a quien es y a quien será. “Soy amplia, tolerante, respetuosa, justa. Al mismo tiempo, fastidiosa, hasta el extremo de que llega un momento en el que la gente dice que me calle, que ya dije lo que tenía que decir. A lo que yo respondo que no, porque no hay que dejar de decir las cosas. Además, a pesar de que la gente pueda considerarlo un defecto, yo considero que tengo un valor, y es esa obstinación que me caracteriza, que hace que no me canse”, asegura Tamara Adrián.
Las cadenas no son simples elementos ornamentales para cargar en el cuello o en las muñecas de una mujer. Para ella, tienen un símil directo con lo que la palabra “Felicidad” contiene de manera intrínseca. “La felicidad no es sino un conjunto de eslabones que sirven para dejar pasar los momentos de tristeza a través del hueco e ir soltando aquellos momentos agradables. La gran lección de la vida es olvidarse de aquellos momentos infelices y concentrarse en los momentos felices, y hacer como una cadena con ellos, olvidando la parte mala”, manifiesta sonriente.
Oler las flores, presenciar un atardecer, tener contacto con una persona a la cual no se veía desde mucho tiempo atrás. En su vida, estos son momentos simples, pero que otorgan grandes motivos para ser feliz, para construir cadenas con eslabones que se hagan más sólidos con el pasar de los años, de los momentos vividos, de la experiencia.
La taza de café ya no humea y el fondo musical ha adquirido como único protagonista al sonido de las cornetas, propias del ajetreo citadino. A la par, la activista, abogada, pero antes que todo, mujer, se aferra a la idea de que no cambiaría nada de su vida, pues de todo lo vivido se aprende. “Las situaciones malas no se te olvidan, pero aprendes de ellas. Lo que se puede olvidar es el inmediatismo, el rencor, el aspecto negativo inmediato. Pasan los años y te das cuenta de que lo que creías que era malo, no lo era tanto, o al contrario, que la lección que aprendiste fue tan importante que se convirtió en una experiencia positiva”.
“Mi niñez fue… relativamente traumática… Habiéndome sentido niña, viviendo en un cuerpo de varón, como varón, no es fácil”. A pesar de esta situación, Tamara Adrián, aprisionando en su mano derecha el celular, señala que mientras estaba sola, podía hacer las cosas que en sociedad no hubiese podido hacer… encontrarse con quien era.
El haber tenido la oportunidad de leer, fue para ella un elixir mientras estuvo niña. “El hecho de mi situación me llevó a leer mucho. Yo creo que, antes de terminar la Primaria, había leído un grupo importante, no solamente de obras hechas para niños, sino también de obras de la literatura universal”, asegura mientras mira al horizonte y sonríe entre lo público y lo privado.
Es más que un “Amén”
La quietud se ha apoderado de la habitación. Por un momento, después de varios minutos, el silencio no es el rey, sólo porque compite con la voz que emite Tamara Adrián. Ya no hay cornetas ni pajaritos de fondo.
Los amuletos de la suerte no existen en su vida. La fuerza no se la otorgan las piedras, sino ella misma. “No soy «brujera». No creo en amuletos. Creo que saco fuerzas de mí misma. No tengo por qué estar utilizando un recurso externo para darme fortaleza”, asevera.
Mira el celular y lo coloca en la mesa. Ya no está aprisionado en su mano derecha. “La datilera del desierto” no practica ninguna religión. Se formó en el catolicismo, fue bautizada, “y todo lo demás”, según sus palabras, no ha firmado la carta para apostatar; sin embargo, no es practicante. “Creo que la religión católica, y todas las religiones, son creadas por el ser humano para acallar sus angustias relativas a la muerte, y luego se instrumentan como un mecanismo para limitar su crecimiento humano, es decir, para «mediocrizar» a la gente, para que no se manifieste más allá de los límites que establece esa religión”, enfatiza mientras mantiene las manos cruzadas sobre sus rodillas.
No cree ni deja de creer en Dios. Considera que puede existir algo, pues se ha sentido acompañada en todo su proceso. A pesar de esto, no cree que el Dios que rige las religiones pueda ser de odio. “Todas las religiones, en el fondo, tienen un Dios que dicen que es amor y, en definitiva, no es sino odio”.
Las quimeras y las realidades confluyen, por un momento, como amigas
En la taza no hay café. El ruido ha vuelto. El sol penetra, ahora sí, dándole tonos más claros a los tierra que visten la habitación.
Ghandi, Nelson Mandela y la Madre Teresa de Calcuta, por asumir una visión y una misión de vida y casarse con ellas, se han convertido en referencias de influencia indirecta para Tamara Adrián. El padre Olaso (abogado y sacerdote jesuita) fue, en definitiva, una persona muy influyente en su vida. “Fue mi mejor amigo. Lo valoré como tal. Lo iba a visitar a la parroquia cuando estaba enfermo, lo acompañé en muchas de sus misiones, en muchas de sus acciones. También tenía ese carácter de constancia y dedicación”, dice mientras suspira suavemente.
Si pudiese convertirse en otra persona, cedería la oportunidad. “¿Para qué me voy a convertir en alguien más, si la gran aventura de la vida es aprender a ser quien eres? Ya eso es suficiente. Cuando digo aprender a ser quien eres, esa es la parte más complicada: toda tu educación ha sido para que no seas quien eres, sino lo que el resto de las personas quiere que seas. Despegarte y clavarte como persona ya es una labor suficientemente grande como para que quieras ser otra persona”.
Toma el celular de nuevo entre sus manos y sonríe. Su mayor deseo es vivir en un mundo más abierto. “Quiero un mundo en el que todas y todos tengan iguales derechos en la ley y en los hechos” —este, además de ser su sueño, es el slogan que emplea políticamente—.
Si existiese el mundo perfecto, para Tamara Adrián sería como el de la canción de Jhon Lennon, Imagine, Sin cielo, sin infierno, sin fronteras, sin religiones. “Creo que las fronteras y los países son unos de los peores inventos que se han hecho, porque crean barreras. Tenemos la oportunidad, con internet, de crear un mundo de iguales, donde los Estados no influyan sobre nosotros. Un mundo de comunidad de intereses, un mundo globalizado. Podemos, por primera vez, sentirnos ciudadanos del mundo, y, muy probablemente, eso cause, en algún horizonte, no sé en dónde, una desaparición de los Estados nacionales, de las fronteras, de los pasaportes”, afirma mientras mira al horizonte y sonríe.
“Mi epitafio, si alguien dijese algo, me gustaría que fuese: Aprendió a vivir para ser quien fue”.
La sala de la casa sigue arreglada y desarreglada con poco tiempo y con buen gusto. Los colores tierra siguen vistiendo la oficina, pero esta vez con tono más claro. La luz se ha intensificado. Ahora, más que antes, las cornetas de los carros son el fondo musical.
Verónica Olivier Fazzina.
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11
14
AprAutopsia del olvido

El hematoma en el recuerdo por una vida no vivida, la rasgadura profunda de unos ojos cansados de observar y de no ver, la inflamación de los oídos por tantos consejos escuchar y ninguno acatar, el sabor vencido de unos labios no usados si quiera por la brisa, la ventana cerrada de un corazón dolido y corrompido, la rigidez de una nuca que en mucho tiempo no sacudió su anatomía con un beso, la petrificación de unas manos que aguardaron mucho tiempo por estrechar a sus más queridas homólogas, el geotropismo positivo de unos pechos fatigados en la espera de ser acariciados, lo borrascoso de una cintura que dejó de serlo al alejarse del contacto con la vida, la triangulación de un ombligo que dejó de ser el centro de atención para convertirse en un “me acuerdo de a raticos”, el clima gélido de unas piernas olvidadas por el verano de los cuerpos en fricción, la sedimentación de unos pies que ya no andan porque no tienen motivos… la muerte de un alma que esperó amor y recibió tiros de traición y de injusticia… la fetidez de un cuerpo desgastado por tanto criticarse.
Cuerpo descompuesto, descansa en paz…
Puede procederse al sepelio.
Ahora que resucitaste, tendrás, con toda seguridad, una vida mucho más feliz.
Verónica Olivier Fazzina
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3
16
JanExpresiones libres en peligro de extinción

DESAFÍOS DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN VENEZUELA
La libertad de expresión se ha convertido, desde hace algunos años, en uno de los focos de estudio principales a nivel mundial. No solo los países envueltos en dictaduras y en gobiernos autocráticos son objeto de análisis y de comparaciones; actualmente, las diferentes naciones son parte de los informes que realizan la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con el fin de hacer explícito el cumplimiento o incumplimiento de uno de los derechos establecidos en la carta magna de la Organización de las Naciones Unidas.
Asimismo¸ hay organizaciones internacionales que se encargan de observar de cerca, día tras día, en los diferentes países, las acciones que pueden atentar de algún modo contra la libertad de expresión, como derecho insoslayable, y contra la libertad de prensa. Entre estas se encuentran la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Reporteros sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ).
Partiendo de esto, es necesario hacer explícito el derecho que contempla la libertad de expresión en la Declaración Universal de Derechos Humanos:
“Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
(Fuente: ONU://www.un.org/es/documents/udhr/index.shtml. Diciembre de 2010).
Tanto la SIP, como RSF y el CPJ, encaminan su labor al salvaguardo de lo que la libertad de expresión y de prensa significan para las naciones que viven o pretenden vivir en democracia. El respeto de este derecho, la protección del periodista, ante todo suceso que pueda violentar su correcto accionar, la persecución, como objetivo, de una estructura medular: la ejecución cabal de un derecho que brinda a los seres humanos la oportunidad de ofrecer y recibir información, tal y como ocurre en los países democráticos, son los principales focos de estas organizaciones, las cuales orientan su estudio a América, principalmente.
América es uno de los continentes en los que más violaciones al derecho de la libertad de expresión se propician. Algunos gobiernos de Latinoamérica siguen la vertiente socialista, lo cual favorece el clima de la homogeneidad del pensamiento y, por ende, de difusión de información. Cuando la línea de acción debe ser solo una, no hay cabida para otras formas de pensar o de actuar, y esto, precisamente, es lo que se ve reflejado en el tema de libertad de expresión de este continente.
Al hacer énfasis en Venezuela, la palabra “Libertad”, en general, produce mucha polémica, pues son varias las aristas de esta que pueden verse vulneradas en determinadas circunstancias. Las de expresión y de prensa, particularmente, son las más frágiles y más fuertes a la vez: frágiles, pues son más fáciles de atacar porque el poder se concentra en una persona; y fuertes, debido a que la necesidad de expresar y de difundir información, la situación casi obligatoria de emitir opiniones sobre los diferentes acontecimientos, son elementos muy difíciles de cercenar por completo, a menos de que el gobierno de turno se radicalice y tome a la fuerza los medios de comunicación, masivos y no masivos, y corte de raíz el árbol.
En esta oportunidad, se tomará el caso de la libertad de expresión en Venezuela, durante el año 2010, desde la perspectiva de la SIP, RSF y el CPJ, y se analizarán los desafíos de esta.

A lo largo del año 2010 (enero-noviembre), se han presentado en Venezuela diferentes situaciones que violentan el curso normal de la expresión y de la prensa libres. Las tres organizaciones internacionales coincidieron en dichas circunstancias.
Durante este año, ocho hitos han marcado el temario de la libertad de expresión y de prensa en Venezuela:
· El caso de Radio Caracas Televisión (RCTV), canal cuya señal pública cesó en mayo de 2007, por órdenes del mandatario nacional. El hecho de que este canal pasara a transmitir su programación por señal pagada, y pocos meses después el Gobierno impusiera la claudicación de este, por no transmitir las cadenas nacionales, es un ejemplo tangible de la violación a la libertad de prensa y a la posibilidad de emitir opiniones libremente. La no permisividad para oponerse a una manera de pensar y hacer es un factor que quebranta el derecho expuesto por la carta magna de la ONU, y es, por ende, un aspecto ineludible en el estudio de las organizaciones internacionales que pretenden fomentar la democracia como forma de gobierno, en la que la pluralidad y la libertad de pensamiento y de expresión son posibles.
· Noticiero Digital y las redes sociales conforman el segundo hito. El problema que se dio por una información no confirmada, publicada por el diario electrónico Noticiero Digital, y los datos no corroborados y situaciones expuestas en las redes sociales, sin que exista un control por parte del gobierno, fueron temas que ocasionaron gran controversia y fueron causal de incomodidad en el presidente de la República. Hugo Chávez ordenó iniciar investigación y seguimiento al diario digital e instó la regulación de los contenidos divulgados mediante las redes sociales.
· Otro factor importante es la amenaza recurrente al medio de oposición, Globovisión, y la búsqueda, por todos los medios, del cadalso para el presidente del canal, Guillermo Zuloaga. Una vez mermada la señal de RCTV, además de las emisoras de radio y los otros canales internacionales, Globovisión se convirtió en el blanco de acción. Asimismo, el presidente declaró que tomaría la gran mayoría de las acciones del canal para crear un medio que propiciara la matriz que rige al gobierno. Por tratarse de un canal en el cual la opinión expresada es adversa a la línea de pensamiento que el mandatario nacional desea establecer, se convierte, inmediatamente, en un elemento disonante, lo cual no es permitido, abiertamente, como lo expone el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
En cuanto al caso de Zuloaga, la persecución no ha cesado y el exilio se convirtió, al igual que en muchos otros casos, en la única opción para el presidente del canal.
· La fotografía publicada en primera plana por el diario El Nacional, en la cual se mostraba la realidad que se vive en la Morgue de Bello Monte todos los fines de semana, fue una razón suficiente para que se prohibiera la exposición de fotos violentas en la prensa, pues pueden influir negativamente en los niños y adolescentes. Las morgues repletas de cadáveres son una realidad que se experimenta a diario en Venezuela, y esa es información valiosa que los venezolanos tienen derecho a saber y que los periodistas tienen el deber de informar. El hecho de que el presidente de la República se oponga a que se muestre la verdad, evidencia la vulneración al derecho a la libre expresión y al acceso a la información.
· El caso de la muerte del periodista Oriel Sambrano, quien fue asesinado con múltiples disparos por arma de fuego, luego de hacer pública información sobre el círculo de narcotráfico en el que estaba involucrado Walid Makled, fue otra circunstancia en la que la libertad de prensa cobró muy cara la información suministrada y en la que muchos derechos de la carta magna se violentaron. Walid Makled, según sus propias declaraciones, estuvo inmerso en lo que fue el costeo de algunas campañas electorales del gobierno nacional.
· El encarcelamiento del periodista tachirense Gustavo Azócar, por, supuestamente, no cumplir con la transmisión de un espacio publicitario previamente acordado, y por presunta estafa y “lucro ilegal”, se convirtió en uno de los temas más polémicos de 2009 y 2010. El periodista, durante sus programas, criticaba tajantemente al gobierno, y las razones por las cuales fue apresado, según las organizaciones internacionales, no fueron suficientes por lo que se puede tomar como un arremetimiento del mandatario con el periodista de oposición que puede desfavorecer en algún momento el imán político.
· Otro elemento importante es el hecho de que los canales por suscripción, según ciertos lineamientos establecidos por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), que no tengan al menos un 70% de contenido elaborado internacionalmente, y que transmitan su programación en territorio nacional, deben, por ley ceñirse a las cadenas nacionales y difundirlas, inmediatamente, tomando la señal del canal del Estado. Esta medida, según las organizaciones internacionales tomadas como referencia, coarta la posibilidad de que los venezolanos puedan escoger la programación que quieren ver y merma, de igual manera, la posibilidad de los medios comunicacionales de informar libremente.
· Finalmente, las cadenas presidenciales son un elemento ineludible en este estudio, pues, según los informes y noticias de la SIP y de RSF, desde que Hugo Chávez inició el mandato ha realizado más de 2.000 cadenas. Además del espacio dominical que tiene para hablar con los venezolanos, cuando desee y desde donde desee, puede pedir una transmisión en cadena nacional, que no solamente debe transmitir el canal del Estado, Venezolana de Televisión (VTV), sino que deben unirse a este lineamiento todos los canales nacionales. Este es un factor que muestra la penetración del pensamiento del presidente, de manera impuesta, a toda la población, lo que refleja la búsqueda de homogeneidad y la posibilidad, cada vez más reducida, de que quienes opinan diferente puedan expresarse.

En síntesis, la posibilidad cada vez menor de que existan en Venezuela medios independientes o de oposición, la persecución de los periodistas que pretendan dar una información que no esté regida por los cánones del gobierno de Chávez, y la limitación en cuanto a escoger lo que se quiere ver y a la hora que se desea ver son los desafíos que debe afrontar la libertad de expresión en Venezuela.
Sin embargo, una vez analizados los diferentes elementos que han evidenciado, durante este año, las amenazas y ataques directos contra la libertad de expresión y la de prensa, debe tenerse en cuenta que todos estos se convierten, de manera inmediata, en un solo factor, que es la piedra de tranca principal que debe derribar este derecho:
El presidente de la SIP y subdirector de Diario Las Américas, Alejandro Aguirre, señaló:
“La eliminación progresiva de los medios independientes como política oficial y la ‘hegemonía comunicacional’ como meta proclamada por el presidente Chávez, son algunos de los mayores retos que enfrenta la libertad de prensa en el país”. (Fuente:http://www.sipiapa.org/v4/index.php?page=cont_comunicados&seccion=detalles&id=4320&idioma=sp. Diciembre de 2010).
El acaparamiento de los medios comunicacionales existentes, la conversión de los canales de información independientes o de oposición en gubernamentales, la saturación comunicacional e informativa con datos referentes a la gestión e ideología del gobierno y la posibilidad cada vez menor de que existan espacios en los cuales puedan emitirse opiniones libremente, son los puntos fundamentales que se encuentran contenidos dentro de lo que Aguirre denomina “hegemonía comunicacional” y dentro de lo que son los desafíos de un libertad de expresión en peligro de extinción.
Verónica Olivier Fazzina
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16
Nov[Flash 9 is required to listen to audio.]Esta canción la tengo pegadísima, y más ahora que está tan cerca el concierto de Estopa.
